Hacia la tierra de los Quetzales:

Viajando sobre la carretera al Atlántico, en el kilómetro 88 cruzando a la izquierda, llegamos a la cabecera municipal de San Agustín Acasaguastlán o como en otros tiempos se denominó San Agustín de la Real Corona en el Corregimiento de Acasaguastlán.  Luego tomando una carretera de terracería enfilamos el rumbo hacia el norte ascendiendo de 360 a 1,800 metros sobre el nivel del mar  y después de caminar durante unos 24 kilómetros, arribamos al lugar denominado Los Albores, ubicado  en la Sierra de la Minas y a la misma altura de Purulhá, Baja Verapaz. 

Hemos llegado por un espacio de transición de un monte espinoso subtropical y de un bosque seco subtropical, este último constituido por los regadíos a la vera del río Hato, a una zona de vida llamada bosque húmedo montano bajo, pasando por la finca de los Bálsamos, otra productora y exportadora de los derivados del árbol liquidámbar (época de los alemanes en Guatemala), asombrados con el descomunal tamaño de la piedra de rayo.

Nos espera un paradisíaco lugar: una selva nubosa muy húmeda, con una temperatura en el día moderadamente fresca, una lluvia registrada de más de 2,000 milímetros anuales distribuidos en lluvias y lloviznas intermitentes, siendo los meses de junio a octubre los de mayor precipitación.  Su topografía quebrada y en la parte más alta donde se encuentran las torres repetidoras de comunicaciones, veremos la división de los valles del Polochic hacia el nor-oriente y del Motagua hacia el sur-oriente.  Su hidrología se compone de mini-cuencas de drenaje superficial y algunas cuencas perennes que constituyen los afluentes del río Hato que es utilizado en las áreas de regadío en las poblaciones que encuentra a su paso, hasta desembocar en el Motagua.

La flora es multi-variada: Latifoliadas (árboles de hoja ancha, entre las que encontramos el aguacatillo que es parte de la dieta del quetzal), y coníferas, además de estratos de epífitas, musgos, helechos, bromeliáceas y muchas, pero muchas orquídeas.  La fauna del lugar tiene una bio-diversidad asombrosa que va desde insectos diurnos y nocturnos hasta mamíferos y aves, especialmente loros, tucanes, azulejos y quetzales, estos últimos se pueden apreciar allí durante todo el año, más que en cualquier otro lugar del Istmo Centroamericano y México, puesto que la selva está muy poco perturbada, además existen miradores construidos exprofeso y se ha guardado la mayor atención para que no sean asediados por los visitantes o cazadores.

Se cuenta con servicios para acampar en forma rústica con atención por parte de los guarda recursos; se puede observar la flora y fauna en toda su dimensión, además de la toma de fotografías en un área que se espera sea considerada como una reserva modelo.

Sin embargo, en la parte baja y muy cercana a este paraíso, el avance del horizonte agrícola así como el corte por demás inmisericorde de los bosques de coníferas que antes cubrían enormes espacios, ha hecho que el caudal de los afluentes del río principal disminuya considerablemente y sea una amenaza latente  a uno de los pocos lugares en donde nuestra ave símbolo es vista con el mayor lujo de detalles en la denominada por propios y extraños como "Tierra de los Quetzales".

Ballardo Vargas Bonilla

 Texto extraído de Prensa Libre 

(Guatemala, 20 de octubre de 1997)

 

El hogar del Quetzal:

En Guatemala existen 14 variedades de bosques subtropicales y 450 tipos de árboles.  En Izabal, El Petén, Alta Verapaz, Santa Rosa, Escuintla, El Quiché y Quetzaltenango hay unas 80 especies de aves autóctonas y alrededor de 300 migratorias.  Una de ellas es el Quetzal, una de las aves más bellas, sagrada para los mayas y símbolo nacional de Guatemala, es una de estas especies, que además está en peligro de extinción.

Biotopo Mario Dary, resguardo del ave nacional:

Entre las copas de los grandes árboles del bosque lluvioso que forma esta área protegida, en Alta Verapaz hay más de 50 especies diferentes de orquídeas y bromelias.  En el universo de plumajes multicolores de los tucanes verdes, las guacamayas, las tijeretas y los cucharones, un ave en especial destaca por su tímida arrogancia, porque de su larga cola parecen brillar rayos metálicos y estridentes;  se trata del Quetzal.  Este es su recinto sagrado.

Biotopo Cerro Cahuí, en Petén:

El Cerro Cahuí está cubierto por grandes bosques de hoja perenifolia; es el santuario de más de 50 especies de mariposas, y el hábitat de los árboles de zapote, caoba, cedro y –el pájaro precioso- el cual habita también en los refugios naturales de Alta Verapaz, Jutiapa, El Quiché y Huehuetenango.

Discreto y solitario, el Quetzal se sitúa allá arriba, entre los troncos y las enredaderas, con su plumaje verde metálico, su larga cola y su cortejo principesco.  Aquellos que caminen entre las sombras imponentes, frondosas y húmedas de los manglares, podrán ver insectos olvidados, reptiles misteriosos y mamíferos sorprendentes en Santa Rosa, Jutiapa, Izabal, El Petén y Retalhuleu.

Esto mucho y más posee Guatemala: "La tierra de mil colores, de bello plumaje y suave aliento".

Fuente: INGUAT